martes, 30 de marzo de 2010

La letra con sangre entra...

Hoy curiosamente me levanté pensando en los maestros que tuve durante mi época de estudiante, de algunos tengo gratos recuerdos y de otros que no dejaron una huella a la que llememos positiva.

Antes hay que ubicarnos en tiempo y lugar, el kinder fué todo alegría, era una escuela del INBA, donde se preocupaban más por la formación artística que la intelectual llega la primaria y soy inscrito a un colegio bilingüe y de lo poco que recuerdo es que el trato era muy humano pero a los 8 años mis papás deciden que nos mudamos de colonia y por lo tanto escuela nueva, todo un drama por dejar a mis amigos y compañeros que había hecho a mi corta edad. Mis padres preocupados por mi buena educación (cosa que no reclamo) logran encontrar un instituto dirigido por Benedictinos (sacerdotes), creyendo en que era lo mejor.

Mi primer obstáculo fué el luchar contra mi escritura, yo escritura era Script, si esa que tenían los abuelos donde una letra se une con la otra, escritura que mis profesores no entendían obligándome a escribir con letra de molde, era como volver a aprender a escribir para mi gracias a la ignorancia de esta gente, pero situación que con un buen librito de caligrafía y un poco de empeño logré superar.

Dejar de ser niño, bastante tenía yo con tener que cambiar de escuela y perder a todos mis amigos como para todavía agregarme más horas de estudio, acostumbrado a salir a la 1:30 de la tarde aquí salía a las 3:20, casi dos horas más tarde, dos horas menos de televisión , dos horas menos de juego, dos horas más para irme a comer sin olvidar que la prioridad número uno en ese momento había cambiado de nombre y se llamaba escuela y el poco tiempo que me quedaba libre se me iba en hacer tareas infinitas y cargar con dos mochilas repletas de libros que nos obligaban a llevar los fines de semana para hacer tarea.

Supero el tercero y cuarto año pero llega el trágico quinto año de primaria que me encuentro con mi primer profe (hombre), su nombre: Carlos, persona que se sentía galan de feria y que desde un inicio no fuí de su agrado y no perdía oportunidad para deshacerse de mi y mandarme a la prefectura durante sus horas de clase; claro si algo le tengo que agradecer es el entrenamiento tipo Karate Kid que me dío para aprender la técnica de esquivar borradores y trozos de tiza con los que me atacaba y que como buen alumno aprendí a capturarlos en el aire y con el mismo impulso poderle regresar, cosa que me costo la expulsión temporal hasta que mis papás fueran a pedirle perdón, cosa que nunca sucedio pues no tuvo el valor a decir que mi reacción fué en defensa propia.

Pero la cosa no quedaba ahí, como toda escuela con principios religiosos existía la clase de "Formación Humana" mejor conocida como "Moral" clase que era impartida por una monja que tenía como política que el que estornudara se tenía que retirar del salón de clases, ¡vaya criterio!, debo confesar que en un par de ocasiones el estornudo era intencional pero la gran mayoría de las ocasiones era por la cantidad de polvo que se metía al salón de clases proveniente de los enormes campos (por llamarles de alguna forma) de futbol que teníamos enfrente y en los cuales los remolinos de arena era algo cotidiano y por consiguiente de lo más normal el estornudar.

Logrando pasar el curso escolar llego el sexto año... ¡ya era de los grandes de la escuela! pero todo el año fué una lucha constante para obtener esa gran hoja verde ,"El Certificado", que me daría el pase automático a la secundaría de la misma institución y que finálmente con mucho trabajo logré conseguir. Mis padres orgullosos de su cachorro pues había conseguido el tan anhelado pase a una secundaria que se decía muy exclusiva, lo que no sabiamos es que venía el año, a mi consideración, más amargo de mi vida estudiantil.

Mis anhelos era llegar a ser futbolista o médico veterinario y cuando me entero que había sido aceptado para la selección representativa de la escuela y que iba a llevar un laboratorio de biología el sacrificio valía la pena, eso creía...

La selección de ese año fué la peor de la historia ganando sólo un partido en todo el torneo, como olvidar ese triunfo...era el último partido y le ganamos al Instituto Mier y Pesado por un contundente 2-1, sobra decir que lo festejamos como si hubieramos ganado la Copa del Mundo.
Pero volviendo a la escuela, el profesor de biología, el cual impartía la clase que tanto me entusiasmaba, terminaba de tajo con mis esperanzas cuando el primer día de clase me señalo diciendo: De mi cuenta corre que no llegues al segundo año... amenaza que cumplío, entonces denle las gracias a aquel Profesor Rebolledo el que no haya un veterinario atendiendo a sus mascotas el cual mes tras mes se encargo de reprobarme, pero que mi ingenuo orgullo me hacía callar tal amenaza...gracias Profe...

Las matemáticas nunca han sido mi fuerte y menos en aquella época en que sólo deseaba patear un balón pero eran necesarias, así como necesario era cargar ese enorme libro de algebra con un viejo barbón en la portada, el mismísimo libro Baldor que era necesario para que aquel viejo Profesor Lara guardara las moscas que reboloteaban en los vidrios del salón y que se pasaba matando durante la clase; de por sí era complicado hacer operaciones algebraicas, ahora con moscas impresas en las páginas peor, una pata de mosca bien podría cambiarte un signo de menos (-) por uno de mas (+). El mismo Lara era aquel hombre enfermo que veía números por todos lados y que no se había enterado que nuestros padres seguramente tuvieron discusiones para darnos un nombre y que el lo sintetizaba por el número de lista, como olvidar ese grito chillón que provenía de su constipada nariz de: treinta y uno , salgase por favor (en el mejor de los casos) , por que el peor castigo era irse al rincón donde había un closet, closet donde se encontraba un frasco de vic vapo-rub y que cuando disponía a embarrarse esa cosa en su nariz abria la puerta con la precaución de golpearte, si.. esa era su intención, acomodarte las ideas a golpe de puertas de locker y todavía aguantar el apeste y ardor de ojos que te quedaba por la cantidad industrial de mentol que usaba y quedaba en el ambiente. Pero no todo es drama, este profesor no dejaba tareas...excepto a mi... obvio, era el 31 , el que se la pasaba castigado en el rincón mentolado ¡era un mal alumno! pero tarea uno, no entregada, tarea dos... no entregada , y tarea tres ... si, ya saben, tampoco la entregue y sabá la consecuencia ante tremenda falta.

Lunes era el día en que todos lo esperabamos, si a ese hombre enorme y espigado y no precisamente con emoción, al contrario, era como un jinete del apocalipsis que sólo traía malas noticias... todos lo conociamos como Chester (ver aquella serie de vaqueros llamada Bonanza y entenderán el por que del mote), era el Prefecto Hector, el cual su caminar se podía reconocer desde el fondo del pasillo y que cuando entraba sabiamos a la perfección su estado de humor, se sentaba en la silla quitando al profesor en turno y revisaba las listas que traía en mano, yo sólo agachaba la mirada, cerrando los ojos y rogando que no hubieran pasado ese último reporte y que estallaba con dos palabras, una de ellas era mi apellido y la segunda "estudio" y que en conjunto significaban lo peor para mi, quedarme de 4 a 6 de la tarde en la escuela y que el único justificante que nos amparaba para faltar y que no se duplicara el castigo era nuestra esquela impresa en un periódico. No, no tenía derecho a reclamar o protestar, ellos tenían la razón - pausa, sigo en la escuela católica- por que en caso de hacerlo seguramente sería aturdido por sus gritos, entonces por salud de nuestro sentido del oido y equilibrio nos quedabamos callados y con el castigo.

Los demás profesores ya eran pan comido, el reprobar con "la Cívica" (nunca supe su nombre, nunca se presentó) no era cosa a destacar, destacar era alcanzar un 6 de calificación cuando sus examenes eran sólo cinco preguntas abiertas y que las evaluaba con: 1/3 , 2/8 , 1/2 el colmo fué cuando me califico con 1/17 de respuesta correcta, dándome a notar que no eran muy serios sus criterios.

Música con el Cri-Cri (profesor Jesus) también no requería mucho esfuerzo, obvio que nunca ibamos a saber donde iban los trombones en la orquesta que toco por primera vez la novena sinfonía de Beethoven, quizá él fué testigo presencial del hecho y lo sabía , pero nosotros eramos muy jovenes.

Finalmente se conjuntaron los profesores y conmovidos con mi esfuerzo y aguante me premiaron al expulsarme de ese colegio y obligándome a repetir el año escolar. Pero no había motivo para estar triste, les dí el pretexto perfecto a mis papás para que me cambiaran de escuela y se ahorraran unos pesos en colegiatura.

Los siguientes años escolares fueron un paseo en el parque, claro que hubo quien intentó opacar esos años pero no lo consiguieron, como esa Maestra de literatura en la preparatoria que nos corría del salón cada que alguien expresaba la frase, por cierto muy común, de "¡Me lleva el tren!" claro, nos hubieramos ahorrado muchos disgustos si hubieramos sido informados que la profesora había perdido a su familia en un accidente de tren... lo siento, no era nuestra intención. O aquel profesor de Cálculo Mercantil que todo el año se la paso reprobándome pero que antes de mandarme a examen extraordinario se acerco y me pregunto: ¿qué carrera piensas estudiar? a lo cual conteste ¡Diseño Gráfico! y dándose cuenta de lo duro que era para todo aquello que tuviera números de por medio contestó: No voy a ser yo quien te fastidie la vida y menos por algo que nunca vas a aplicar en tu vida profesional, debes ser mucho mejor tomando unos lápices de colores, toma una C (calificación mínima necesaria para aprobar) y disfruta de tu vida universitaria... Gracias

Pero bueno, creo que todo mundo tiene historias y ejemplos como estos en mayor o menor grado y por ello decidí escribir este post dedicados a ellos y agradecerles lo mucho o poco que hicieron por mi. A todos aquellos que se detuvieron a darme una asesoría o consejo, simplemente gracias por que gracias a ellos soy lo que soy como profesionista y persona y a aquellos que me sobreestimaron y se detuvieron, perdiendo su tiempo, para hacerme la vida de cuadritos e intentar cortar con esperanzas y sueños les digo desde lo más profundo de mi corazón ¡CHINGUEN A SU MADRE!


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